Articulos de opinión

El amor de tus manos arrugadas

Son manos llenas de arrugas, débiles y frágiles, que el paso del tiempo se ha encargado de marcar. Manos que han vivido, tocado, luchado, cubierto la cara cuando afloraban las lágrimas y que han dado tanto amor, que ni las numerosas manchas que las ensombrecen pueden reflejar cuanto cariño han regalado.

Recuerdo el último beso, ese que te dí entre lágrimas sabiendo que podría ser el último. Te abracé sabiendo que te escapabas y que querías irte. Sin embargo, recuerdo la sensación de impotencia pero de tranquilidad que sentí sabiendo que tú, seguirías siempre a mi lado.

Te conocí siendo ya sabio, compartiendo conmigo esa inteligencia que tan sólo da el paso de las décadas. Te conocí queriéndome porque sí, sin esperar nada cambio, cuando todavía no era capaz de articular palabra ni expresar mi aprecio infinito.

Es complicado decir adiós a alguien que tengo tan presente, que siento en cada ínfima parte de mi piel, que es parte de mi piel, de todo lo que hago. Son preciosos los momentos en los que acudes a mis sueños para hablar conmigo, para demostrarme que sigues aquí, que velas por mí, que continúas sosteniéndome en la fragilidad de tus manos.

No consigo ir donde dejaron tu cuerpo. Para mí, tu no estás allí. Te fuiste para quedarte conmigo y para abrazar a toda tu familia diariamente, cuando nos sentimos afligidos, para mandarnos suerte cuando la necesitamos, para guiarnos en el camino de la vida. Mueves mis manos y decisiones, con el fin, de que si me caigo, me levante, si me equivoco, reflexione y si acierto, compartir mi alegría.

Me sorprendo a mí misma rezándote, porque para mí, no hay más Dios que las personas que he conocido, de las que yo misma creo mi Credo y mi religión. Te admiro por tu valentía, tu lucha infinita, por la estela de amor con la que nos bendeciste a todos. No he conocido ni conoceré alguien que a través de su trabajo haya conseguido ser tan admirado y respetado, que hasta el último momento se preocupara por nuestro bienestar y nuestro futuro. No conocías la palabra egoísmo.

Eres esa persona que le ha plantado cara a las desavenencias, a la incertidumbre, a la mala suerte, y que ha resurgido de sus cenizas con la fuerza de un mañana brillante. El fruto de esas historias de las que todavía “me recuerdo”, la voz grave y serena que daba las malas noticias y el hombre que mostraba desde su sillón, mientras se hacía el dormido y tan sólo abría un ojo, el orgullo infinito ante nuestros pequeños logros.

La única persona que me ha llamado Miss, que me regañaba cuando debía, siempre justo y a tiempo. El que me comparaba con una guitarra y el que me veía con un futuro de Doña.

Conjugar los verbos en estos casos es complicado, pero tengo la certeza de que “eres” el abuelo de mi vida.

Te quiere eternamente, Victorilla.

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