Articulos de opinión

Tú, mi ex “eterno”

Hay personas por las que no puedes evitar sentirte irremediablemente atraído. Pueden ser personas con las que tuviste una historia corta, y otras con las que sufriste un largo amor de idas y venidas que ha dejado su tatuaje particular en nuestra piel. El amor es cuestión de piel, ya lo dice mi madre, y siempre existe esa persona que, no importa cuántas veces la veas o cuántos años la sueñes, sigue marcando nuestra existencia.

Son esas mariposillas que se sienten en el estómago cuando sabemos que, inevitablemente, hoy es el día, voy a volver a verle. En mi caso, hace muchos años que ya superé esa ruptura, pero tal vez, porque establecí una ley de silencio tajante y no consensuada, esos pocos días al año en los que lo tengo cerca, se convierten en días especiales.

Es fácil decirle al cerebro que olvide, más cuando hemos pasado por una experiencia traumática o una ruptura dolorosa, pero el corazón, !Ay el corazón¡ Ese es otro cantar.

Con el tiempo se perdonan los imprevistos, los celos, las riñas y todo lo malo (no catastrófico) que ocurrió en la relación y que la abocó al fracaso. Nuestro cuerpo es inteligente, y cuando hay daño, hace lo posible por olvidarlo y traernos a la memoria esas experiencias positivas, esos momentos en los que, por ingenuos o etéreos que fuéramos, logramos tocar el cielo con las manos.

Y de repente llega el momento en el que me enfrento a él, al que por una etapa fuese mi presente, mi futuro, y reconozco cómo, en lo que para mí ha sido pestañear, se ha convertido en mi pasado. Miro sus ojos y son los mismos, pero hay algo en él que ha cambiado. La chispa se ha ido, el amor se desvaneció y me doy cuenta de que toda la atracción, ese pequeño halo que me une a él, tan solo se compone de recuerdos.

Siempre siento un pellizco en el corazón cuando le veo y me avergüenza su actitud, cuando a pesar de que le pillo mirándome, evita saludarme, ¿Por timidez? ¿Por vergüenza? Tal vez porque siente cada vez que me ve lo mismo que siento yo.

Divertida, me dirijo a él y le pregunto por su vida, esa de la que tan sólo suelo tener noticias una vez al año. Veo que está bien. A veces me pregunto si será feliz, pero me siento tan lejana a su vida que no me atrevo a preguntarle. Me alegro cuando esas noches, entre copas y cigarros, el alcohol crea esa burbuja ajena a las miradas en la que volvemos a ser los mismos. De repente, todo el miedo se desvanece, y hablamos del pasado, de lo que fuimos, de lo que nos quisimos, de todas aquellas anécdotas de las que nos reímos entonces y recordamos entre carcajadas ahora.

Pero, la noche se acaba y con ella el encanto. Ambos sabemos que la luz del sol nos trae a la realidad, esa realidad que nos convierte en desconocidos, en los resquicios de lo que un día fue y no pudo ser. Lo nuestro es algo diferente, una historia que pertenece al pasado y que nos alegra reavivar (metafóricamente) de cuando en cuando, pero que no subsistiría en el presente. Porque ya no somos los mismos, porque su mano la coge otra persona diferente, al igual que la mía, porque nuestros caminos son incompatibles, y conforme pasan los años, nuestro destino es cada vez más inexorable.

Esta es una declaración de amor de mi “yo” del pasado, a ti “mi ex eterno”, el que siempre me acompaña, aunque no lo recuerde, el que puso su grano de arena para enseñarme amar, aunque no se lo agradezca, el que me dio alas para soñar y me las cortó para que volara hacia algo mejor.

Gracias, de parte de tu ex.

 

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