Articulos de opinión

Perdona si te llamo cabrón

Cada momento de nuestra vida tiene su luz, su ambiente, su olor, sus sensaciones… y finalmente, sus cabrones.

No todos son iguales y según la fechoría que nos hayan gastado los clasifico de menor a mayor de la siguiente manera: los desgraciaos, los cabrones y los HP (de “hijoputas”). Este ranking de cabronísmo me ha llevado años de investigación, pero mi conclusión es firme: no hay quien escape de ellos (o ellas).

Siempre, cuando se rompe una pareja, da igual que sea de 2 semanas o de 5 años, duele. Y duele mucho. Se suele sentir una sensación de vacío, como si se hubiera ido una parte de nosotros de vacaciones que probablemente no compró billete de vuelta. A esa persona que se aleja le hemos regalado nuestro tiempo, ilusión y nuestra vida, literalmente en “cuerpo y alma” y cuando se marcha nos quedamos patidifusos cuando tenemos que enfrentarnos a la realidad solos.

Al principio, comenzamos lo que yo denomino “el luto”. Ilustrándome en mi experiencia, tengo una amiga que llama a su ex-pareja “el difunto” y no encuentro mejor calificativo para definir a un HP. Pero hasta llegar al punto de dejar al innombrable muerto y enterrado, pasamos por un luto raru raruno.

1. Fase vampiro: nos encerramos en la habitación a oscuras a llorar o a escondernos del mundo, que incansable nos pregunta:

-¿Pero por qué ha pasado?¿Había otra persona? ¿Y tú como estás?

A lo que nos gustaría responder:

-No lo sé, prefiero no saberlo y fatal, ¿no lo ves?

Nuestro lema en este difícil periodo suele ser “no tengo el chichi para farolillos”.

2. Fase acosadora: si seguimos enamorados y pensamos que hay una mínima posibilidad de revivir ese amor, haremos cuanto esté en nuestra mano. Tanto mandar 100 whassap diarios, como llamar hasta que nos bloqueen el número, escribir declaraciones de amor desesperadas por Facebook o contratar a la tuna para que cante bajo su ventana a las 2 de la mañana tras meditarlo con 4 copas de más (true story).

3. Fase Living la vida Loca: esta fase ocurre cuando nos aplicamos el lema “un clavo saca otro clavo” y nos embutimos en nuestra mejor minifalda para ir a romper la noche. No sé que suele pasar en esta fase pero, en mi caso, justo cuando más necesito ligar, más ardua se hace la caza y para colmo, si triunfo, al cabo de un rato me siento culpable. Vamos que en esta fase solemos tener la cabeza hecha un sudoku.

4. Fase comprensión: es aquella en la que por fin llegamos a la conclusión de que nadie que no luche por estar en nuestra vida se merece tener un hueco en ella. Aquí analizamos los pros y los contras de lo que nos ha ocurrido, es normalmente la fase en la que etiquetamos al susodicho/a que tanto nos ha hecho sufrir como el “desgraciao, cabrón o HP” y cerramos el capítulo de su historia.

Este periodo de luto lleva su tiempo y varía dependiendo de quién lo sufra. Sin embargo, denominaciones de origen establecidas, siempre tenemos que hacer la misma reflexión: somos, hemos sido y seremos personas dignas de amar y ser amadas, no importan nuestros defectos, rarezas o ramalazos cabroniles. Ningún amor nos puede matar ni salvar, nuestro primer amor es el amor propio y nos acompaña toda la vida. Si lo tratamos con cariño, triunfará y logrará que otros lo puedan apreciar. Porque yo, me quiero.

 

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