Articulos de opinión

Gracias

Hay una frase muy sabia que me han dicho recientemente y que me ha hecho reflexionar. Dice así: “a cada uno le duele lo suyo”. Un pequeño percance de salud que he tenido últimamente me ha hecho replantearme las cosas y he llegado a una conclusión. La mayoría de nosotros somos unas lloronas.

Sí, una lloronas señores. Que digamos nosotros que tenemos vivienda, agua y una cesta llena del supermercado en el frigorífico que nos encontramos mal. Que parece normal pasarnos el día quejándonos y pensando que somos los únicos del mundo que tenemos problemas. Comparémosnos con los sufridores de otros países que viven su vida malnutridos, luchando por tener una vida digna o, a veces, teniendo su hogar en pleno campo de batalla. Las personas sin acceso a educación, sanidad o nuestra última pijotada, el whassap. Para echarse a temblar estamos todos.

Pero si volvemos a una realidad más cercana, la verdad es que no apreciamos todo lo que tenemos. Yo este año me he estresado por tonterías, y tan idiota he sido, que al final mi estrés se ha visto reflejado en mi salud. Digamos que no ha sido un agobio infundado, sino creado por la situación laboral (la cual no depende solo de mí), la presión familiar (es mi familia y todas sus taras la convierten en la mejor familia del mundo) y la falta de decisión-rapidez para escoger un camino.

Me considero una persona religiosa a medias. Digamos que me he creado mis propias convicciones divinas a partir de las partes que más me gustan de cada creencia. Una en la que creo es el karma, y éste parece que este año me tenía ganas. Supongo que todo en esta vida sirve para aprender e ir perfeccionándonos cada pasito que damos, hasta llegar a una versión mejorada y más vivida de nosotros mismos. La versión 2.0.

El karma ha considerado que me faltaban muchas cosas que incorporar a mi maleta de enseñanzas y no le faltaba razón. Durante esta etapa, he sufrido en mis carnes lo que significa perder tu autoestima y me he sorprendido al ver cómo el ser humano es capaz de levantarse y sacar lo mejor de sí mismo de donde, muchas veces, no hay nada.

Estos meses he pensado a menudo en qué haría si pudiera volver a atrás o mejor aún, que haría cuando estuviera al 100%. Con el tiempo me he dado cuenta de que esto no es una cuestión de porcentajes, ni que se pueda medir en números, es una cuestión de voluntad y entrega.

Es cierto, si uno quiere todo lo puede conseguir. Siempre hay pequeñas piedrecitas en el camino, que nos ponen dificultades, incluso agujeros negros que hay que esquivar con grandes saltos al vacío, pero lo importante es no caer dentro.

Doy gracias por todo lo que tengo, por todos a los que tengo y por todo lo que tendré.

Mi pequeña reflexión, que he macerado durante 8 meses, es la siguiente: la vida es una turbina de acontecimientos que cambian nuestro rumbo. Cojamos una buena racha de aire y volemos hasta la consecución de nuestros anhelos. Que nada nos haga perder la sonrisa.

 

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